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Nuestro sitio   Buenos Aires (Argentina) ya tiene 2000 edificios protegidos por su valor histórico.

Forman parte del patrimonio porteño; no pueden ser demolidos y pagan menos impuestos.
Se busca reconocer lugares importantes para la historia de la ciudad. Existen 47 áreas protegidas.

¿Qué tienen en común el Instituto Bernasconi, la emblemática escuela de Parque de los Patricios, el Abasto, la recova de Mataderos, la Biblioteca Nacional, la confitería Las Violetas y el hospital Moyano? No parece fácil encontrar una relación entre todos estos rincones porteños... Sin embargo, la tienen: son seis de los 2000 edificios protegidos por su valor histórico.

Protegerlos equivale a reconocer su pasado, no necesariamente remoto. Hay edificios catalogados por su valor histórico de todas las épocas. A veces, por ser referentes paisajísticos; otras, por ser modelos de diferentes estilos de vida. Edificios coloniales, clásicos, modernos, embajadas, viviendas obreras. Se trata de cuidar aquellos elementos que definen la identidad de cada barrio, de cada zona de Buenos Aires.

El principal beneficio de esta catalogación es la inmunidad que reciben estos inmuebles: una vez que son protegidos no pueden ser demolidos.

'Si no hay una ley que lo impida, no tenemos capacidad legal de prohibir su demolición', consideró el secretario de Planeamiento Urbano, Enrique García Espil.

La catalogación implica también algunos incentivos: ventajas impositivas en el pago de alumbrado, barrido y limpieza (ABL) y en los derechos de construcción que hay que abonar para remodelarlos o refaccionarlos.

'La enorme mayoría de los edificios con valor para la ciudad no son del Estado, sino propiedad de privados', explicó el director general de Planeamiento e Interpretación Urbanística, Francisco Pratti.

Es importante distinguir entre las áreas de protección histórica, que son zonas enteras que la Ciudad quiere cuidar, y las catalogaciones individuales, que protegen a un edificio en particular.

Hay áreas protegidas y edificios particulares que la ciudad quiere conservar intactos en todos los barrios. En Barracas, Recoleta, Belgrano, San Telmo, Lugano, Balvanera, Liniers...

Que un área sea declarada de protección histórica equivale a que existen ciertos requisitos para sus aceras, para su forestación, para admitir o no anuncios publicitarios, para las intervenciones que se permiten en sus fachadas, sus muros o sus toldos.

Una simple comparación lo pone aún más orgulloso. En Nueva York, existe más del doble de edificios que en Buenos Aires, donde hay 320.000 parcelas, y el triple de áreas de protección histórica, pero sólo tiene la mitad de inmuebles catalogados. Unos 1070, contra los 2000 porteños.

'La preservación del patrimonio deber ser palanca para el progreso y no congelamiento', explica Espil en el libro 'Areas de protección histórica'.

El trámite para catalogar un edificio puede comenzar de distintas maneras: ser propuesto por la secretaría de Planeamiento Urbano, resultar un pedido de los vecinos o de alguna entidad barrial o ser una iniciativa de los legisladores.

En todos los casos, el camino es el mismo. El Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales convalida la propuesta y luego envía el proyecto a la Legislatura. Por tratarse de una ley de segunda lectura, la iniciativa se vota dos veces, con una audiencia pública mediante. 'Es un procedimiento largo porque implica modificar el status de un edificio', aclaró Pratti.

Para el arquitecto, se trata de una materia 'muy opinable, porque mezcla aspectos tangibles con intangibles'. Lo que equivale a decir que un edificio puede ser declarado de protección histórica por su valor arquitectónico o porque allí nació o vivió alguna personalidad importante para la ciudad.

Los parámetros que baraja el Código de Planeamiento Urbano para estas catalogaciones implican cuatro tipos de valores: urbanísticos, arquitectónicos, de historia cultural y singulares.

Así todo, muchos se oponen a estas catalogaciones por considerarlas un freno a los propietarios. 'Implica una restricción al derecho de propiedad porque el consorcio o el propietario dejan de tener libertad para modificar el inmueble. Por eso es bueno que el proceso sea aprobado con una audiencia pública mediante', agregó García Espil.

La Bolsa de Comercio; el Palacio de Correos; el industrial Otto Krause; la calle Melián entre Mendoza y Echeverría, en Belgrano; el Kavanagh y la plaza San Martín, todos rincones que la Ciudad se propuso cuidar especialmente.

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